Mural Cetiña

Un recorrido mochilero por los balcanes: Montenegro y Croacia (III)

Excitados por el ritmo de autostop tan vertiginoso e increíble que llevábamos, cruzamos la frontera entre Albania y Montenegro, con la idea de atravesar este pequeño país a modo de trámite y así llegar a la gran y famosa Croacia. El aventón de esperas fugaces con las que nos despedía Albania nos llenó de hambre, no quisimos dejar atrás la inercia y seguimos haciendo dedo desde la frontera. Nos cogieron un par de chicas montenegrinas hasta un pueblo cercano a la capital, y de allí un taxi privado nos dijo que nos llevaba por el mismo precio del autobús que no parecía pasar en los próximos meses.

Montenegro jugaba al escondite

Las chicas nos empezaron a dar una pista del juego que le gustaba jugar a su país, el dueño hiperactivo del hostel donde nos hospedamos en Podgorica, la capital, nos lo terminó de mostrar. En apenas 15 minutos nos encontrábamos en el salón -rodeados de literas, pues el hostel no era más que eso, literas en cada rincón de una casa cualquiera-, con varias guías del país sobre la mesa. El anfitrión, con bastante rapidez de lengua y discurso ensayado, nos diseccionaba demasiadas atracciones imperdibles, aunque éstas sonaran de carrerilla. Podgorica se convirtió en una casilla de salida sin mucho más atractivo que eso, ser la puerta de una geografía peleona pero impresionante.

Marina en Podgorica

Río Morača, Podgorica.

A la mañana siguiente no pudimos dejar al azar autostopero el poco tiempo que nos iba quedando. Una de las recomendaciones fue conocer la histórica capital que durante cientos de años tuvo Montenegro, Cetiña. Entre las montañas, escondida como le gustaba sentirse para nosotros cada joya que encontrábamos, logísticamente complicada (principal razón por la que dejó de ser capital), con edificios bajos y señoriales de otras épocas, de otros privilegios y otras prioridades, nos abrió sus puertas tímidamente. La demora del autobús que planeábamos coger nos permitió ver la ciudad más en profundidad, y menos mal. Cuenta con un monasterio ortodoxo y el museo de armas más completo de los Balcanes, historia que un zapatero ya retirado nos trató de contar en una mezcla de italiano y montenegrino que recibimos como unos trazos expresionistas; mucho color, muchas emociones puestas en el cuento, pero poca definición. Allí afianzamos la costumbre de tener mascota por unas horas, apodada con el nombre de la ciudad donde nos deja mimarla. Se ha vuelto tradición, y siempre es bonito y tierno recordar dónde y de la manera que nació.

Cetiña en Cetiña

Cetiña, el perro con el que se afianzó nuestra tradición.

Kotor, fortaleza bombardeada con cruceros

A dos horas de un autobús que se perfilaba por los acantilados, dejando ver desde las alturas ciudades turísticas como Bečići, llegamos a Kotor. La estación quedaba retirada y su muralla te sorprendía detrás de una roca, como quien gira una esquina y entra en una avenida sumida en una calma del que sabe que no necesita más que ser para ser bello, que se proyectó para ese fin. Y es que todos los detalles estaban bien cuidados, las calles no estaban muy concurridas a pesar de ser las 5 de la tarde y que se tratara de un destino tan turístico como nos advertían. La gente no era especialmente agradable de cara al público como quien tiene todo vendido, cada esquina era una foto medieval icónica a la que estaban acostumbrados, y de la que parecía que con su indiferencia presumían de merecerla. Es una ciudad de cuento.

Allí conocimos unos mochileros de Paraguay, cenamos con ellos y me sirvieron de inspiración al conocer la adaptación que ponían a su viaje según les ocurrían aventuras. Empezaron el viaje como un recorrido en trekking desde Polonia, uno de ellos se lesionó y supieron reinventarse con un viaje a dedo hasta Grecia, sin preparación, improvisando y fluyendo.

La estancia fue breve pero intensa, pudimos bañarnos en la bahía (Marina siempre recuerda aquel baño como uno de los más especiales y revividores de su vida), que parecía ciertamente un lago de lo que se alejaba y escondía de la costa. Como tenía acceso al mar comprobamos que la calma que habíamos vivido se derrumbaba por el terremoto que provocaban las pisadas de miles de personas bajando de un crucero. El barco era tan ancho como la ciudad e invadió con su tripulación aquel pequeño pueblo de Montenegro que en minutos rebosaba y se convertía en un parque de atracciones, en un plató de TV con gran financiación en el decorado y nulo talento de los reporteros.

Marina baño Bahía Kotor.

Marina bañándose en la bahía de Kotor.

La caminata que nos parió

Intentamos hacer autostop desde Kotor hasta la frontera, aunque las fuerzas, conexión y prisa hicieron que no resultara. En bus rodeamos toda la bahía de Kotor hasta llegar al pueblo fronterizo llamado Herceg novi; un pueblo delicado, sencillo, con una infraestructura ya adaptada al turismo de verano, con cuestas que se dedicaban a conectar la carretera principal con la costa y que vertebraban el pueblo hasta su centro histórico fino y amurallado, una pequeña localidad todavía real en esa escala incierta, sutil y subjetiva que manejo. Desde allí se contempla la bahía acabar, como terminaba para nosotros un país puntiagudo y sorpresa que se quedaba por descubrir.

Amanecimos orgullosos de tomar la decisión de no coger un autobús hasta Dubrovnik, habíamos dormido bien y nos sentíamos capaces de hacer autostop en la frontera tras cruzarla a pie. De ella nos separaban 12 kms, y en el instante que nos pusimos nuestros 12 kilos a la espalda, no imaginábamos lo exhaustos y renqueantes que estaríamos al quitarnos ese peso 15 horas y 20 kms después.

En la frontera, chorreando el calor, después de conocer de nuevo la hospitalidad de la zona gracias a un humilde casi sexagenario obrero que nos invitó a helados, el aplatanamiento nos permitió probar durante 15 minutos dedo pero con poca efectividad. Decidimos descansar en la sombra justo en el momento en que una pareja se apiadó y salvadores cual cubito de hielo después de decirnos que no, volvieron y nos llevaron hasta Dubrovnik.

Dubroknik

Paisaje de Dubrovnik.

Una sensación mutua nos recorrió enteros pronto, lo notamos sin palabras. Anduvimos el centro, admirando su belleza pero sintiéndola irreal, sonaban todos los idiomas imaginables a nuestro alrededor, de repente, como una canción que creías olvidada y salta al frente en tu cerebro, el español me rodeaba muy intenso. Nos fuimos. Habíamos estado demasiado aislados y conectados con otros países para ese chute de globalización. Eso provocó que para llegar al bus que nos llevaría a Split tuviésemos que andar otra hora y tres cuartos para terminar “disfrutando” 6 horas de autobús. Recuerdo, todo esto con las mochilas a cuestas.

Marina reservando en Dubrovnik

Marina exhausta, reservando un hostel para Split.

Ya a las 3 de la mañana, con un hostel reservado “in extremis”, suplicamos la entrada aporreando la puerta de la supuesta recepción 24h que prometían. Una vez abierto, con una sonrisa torcida del recepcionista, suplicamos también la cama porque según él la hora límite de entrada eran las 11 de la noche. Nuestra desdicha acabó ablandando su carácter estricto, y nunca me ha parecido más confortable una cama a la que llegara tan desaguisado.

Última aventura

Pasamos unos días muy tranquilos en Split, ciudad costera que se enfilaba al próspero turismo esprintando. Las calles tenían mucha vida calmada, los yates millonarios eran la norma y pasear por ella fueron las vacaciones perfectas dentro de las vacaciones para una despedida. Las “playazas” que nos prometieron allí no son tal, aunque el agua cristalina aderezaba la receta y supimos disfrutarlo.

Todo parecía tranquilo y en paz hasta que al presente escritor, contagiado de tanto blog y libro viajero, le venía rondando la idea de hacer vivac en la playa contemplando la luna y ahorrando unos cuantos euros. Con tozudez convencí a Marina y empezamos a cometer errores que nos han servido pero que nos hicieron pasar una noche en la que observamos la luna, sí, pero por puro desvelo y alerta. El primer fallo fue elegir el día en que Croacia jugaba contra España en la Eurocopa, el día en que Croacia por primera vez logra remontar un 0-1 hasta ganar el partido 2-1. Toda la ciudad se convirtió en una celebración llena de gritos que no entendíamos y que hacían hostil cualquier contacto en el que se nos intuyese españoles. El segundo e importante fallo fue no buscar el sitio por la mañana, lección mental que llevaré siempre a mi lado: “todo cambia de la noche al día”.

Encontramos una calita recogida, cerca de un chiringuito que estaba tranquilo. Teníamos que escalar unas piedras que separaban la gran playa de esa cala, parecía la mejor muralla. Cuando estuvimos ya instalados con saco y ojos de plato -por aquel entonces no sabíamos el alcance del partido- el chiringuito que creíamos cerrado pronto empezó a recibir en su aparcamiento coches, motos y todo tipo de movimiento que no cesó. Gente flanqueaba la muralla y pasaba por delante de nosotros hasta desaparecer hacia una colina que colindaba por el otro extremo de la cala. Sus pisadas firmes y rápidas contra la arena pedregosa las recuerdo como si fuesen ahora mismo. Aprendimos que algo recogido lo es para ti, y lo es para todo el mundo que quiera intimidad. Fue una noche larga, y lo poco que dormimos cuando la celebración cesó lo amanecimos en lo que resultó ser un cagadero de perros, con un coche aparcado de frente a unos 20 metros balanceándose a un tempo propio del que busca, como buscábamos nosotros, un espacio privado.

Despidiendo Split

Despidiendo Split agotados pero felices.

Fueron 20 días, intensos, frenéticos e interruptus, de experiencias que hubiésemos dilatado mucho más. Un aperitivo que jamás olvidaremos, que nos exprimió sensaciones que imaginábamos exageradas y poco probables, un aperitivo que nos dio seguridad y nos abrió el apetito por el camino a seguir.

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Jose Luis

4 years ago

Vaya experiencias. Y hasta los fotógrafos sabemos que hay que localizar de día para pasar las noches. Ja, ja, ja.

Marivi

4 years ago

Enhorabuena por este blog al que tanto tiempo y cariño le estáis dedicando. Es genial, me encanta !!!!!

Dean Gatehouse

2 years ago

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2 years ago

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Burton Vigil

2 years ago

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1 year ago

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