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Isla Múcura: el precio del paraíso

Con 2 lecciones viajeras y muchas historias que contar, Marina y yo emprendimos de nuevo la marcha por la costa colombiana, esta vez, con dirección a una pequeña población costera llamada Coveñas, zona franca del ejército de la marina, motor de la economía de la zona, donde hicimos base unos días para lanzar definitivamente este blog. Fueron días de descanso, generando una pequeña rutina de lo más desparramada por el minutero, unas minivacaciones dentro del viaje.

Un caribe “de verdad”

No nos bastaba. Desde los primeros momentos en que tuvimos confirmados los billetes a Colombia no había día que no bromease con que iba a pasar un enero bañándome en el p*** Caribe. Hasta ese momento, por el color de las aguas (llenas de lodo provocado por la actividad volcánica de la zona), por las playas, o por la contaminación de los alrededores, donde nos habíamos bañado no eran las playas de postal con las que uno sueña. Allí estaba Múcura para cruzarse en mi capricho, para hacer de mis bromas una realidad.

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Vista de isla Múcura desde el islote de Santa Cruz

Fuimos a Tolú, una ciudad de mucha afluencia turística nacional, desde donde cogimos una lancha con dirección a Múcura, la isla caribeña que nos recomendaron para completar la búsqueda de unas verdaderas aguas cristalinas.
Recorrimos distintas islas del archipiélago de San Bernardo, entre ellas nuestro destino. A pesar de ser una reserva natural, ese trayecto de dos horas me ayudó a empezar a entender la lógica terrateniente en este país. Desde mi costumbre española, una playa por defecto debe ser pública. Sin embargo, aquí en Colombia es todo lo contrario, la lancha paraba en lujosos hoteles cuya propiedad abarcaba la isla completa.

Antes de llegar el bote hizo una parada acordada con los locales, en el islote de Santa cruz, para los turistas que llegábamos hasta Múcura. Al parecer es la isla con más densidad de población del mundo (400 habitantes/m2) Fue en principio un islote al que han ido añadiendo cemento y ganando terreno al mar hasta ocupar el kilómetro cuadrado de extensión. Está completamente lleno de casas y en calles angostas sus niños, adolescentes, adultos y ancianos comparten el poco espacio libre que queda.

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Niños jugando en el islote de Santa Cruz

La parada incluía un tour por defecto. Como no nos gusta sentirnos obligados, declinamos la oferta y decidimos pasear por nuestra cuenta. En ese paseo, empezó a fraguarse lo que unas 24 horas después sería una realidad, nuestra concepción del paraíso daría vuelta y media. En cuanto abandonabas las partes preparadas para el tour podías ver los montones de basura acumulados en las orillas, encontrabas a gente con formas mucho más rudas, sintiéndose observadas en una intimidad que no vendían. Nos llevábamos una idea totalmente distinta que nuestros compañeros de barca.

El peregrinaje hacia el verdadero paraíso

En la embarcación conocimos a tres personas que marcarían camino en el futuro. Por una parte, estaban Layla y Manu, dos estudiantes de interpretación argentinos que recorrían durante las vacaciones de verano parte de Sudamérica; y solo, pero nada solitario, nuestro papito en Colombia, Aldo, un sexagenario argentino que ha pasado media vida en España, y que sigue recorriendo en su autocaravana el espacio que conforman Tarifa-Málaga-Cabo de Gata.

Camino a Múcura con Propor

De camino a Múcura

Nuestra idea era acampar libremente en el paraíso que nos habían vendido. Imaginábamos una pequeña isla, con muchos recovecos donde plantar la tienda de campaña. Los pibes argentinos iban a tiro hecho al único hostel con sello “Lonely planet” que había en la isla, estarían de voluntarios una semana. Fuimos los 5 hacia allí pues siempre nos gusta, en la medida de lo posible, tener cierta seguridad a la hora de dormir -aunque me repatee tener que pagar por 2 metros cuadrados-. El hostel parecía buena opción para usar un poco de suelo, pero nos la frustraron, ni siquiera tenían alternativa para acampar a pesar de que el 90% de su área era una tullida y esponjosa capa de césped.

A partir de ese momento empezó nuestro peregrinaje por la isla. Múcura tenía una población de pocas calles donde lo más sofisticado eran las casetas turísticas que montaron para no dejar al gringo del hostel llevarse todo el pastel. Existe una pequeña tienda, varios restaurantes muy humildes con langostas enormes como escaparate, casas que se permiten el lujo de ser inestables aprovechándose de un clima estanco que genera calor soportable por la brisa, una zona de playa pública con cinco negocios más y un hotel -nos enteraríamos más tarde- que ocupa y aísla el 50% de la isla.

Dejamos las mochilas en la habitación que Aldo encontró en el pueblo y nos armamos de fuerzas para acometer la, a priori, fácil hazaña de encontrar un pequeño espacio donde plantarnos.

Peregrinaje con propor

Durante nuestro peregrinaje

La odisea que vivimos se resume en 4 horas moviéndonos (y bañándonos) de una punta a la otra de la isla visitable. Recorrimos el litoral hasta que los manglares nos permitían, anduvimos cuantos senderos existían, y, sobre todo, preguntamos y preguntamos a todo el mundo si conocían algún lugar de acampada libre. Aquí es donde los cimientos del paraíso de aguas cristalinas y libertad se rajó por el primer sitio. De la ecuación se esfumó la libertad, cada metro cuadrado acampable de la isla tenía dueño, o por lo menos una figura que se erigía como responsable de cuantos turistas pisaran ese espacio, el resto de suelo, era un vasto bosque tropical que llevaría horas y machetes despejar.

Tras muchas conversaciones tradujimos un código implícito que no se palpa ni conoce hasta que chocas con él, ese código que como turista no tendrías por qué saber: no se alojaba o permitía alojar a nadie gratis. Razones hay varias para un mismo resultado; por un lado, por supuesto, está el dinero, la gente vive del turismo y nadie quiere desaprovechar su bocado, esto, sin embargo, es algo común y ya hemos aprendido a quitarnos esa primera capa de “dólar andante” que emanamos cuando despistados y curiosos llegamos a cualquier lugar; la segunda razón, más compleja, tiene que ver con el complejo de inferioridad que mantienen los colombianos frente a la seguridad, nadie quiere que un robo, algún acto violento, o suceso inseguro tenga lugar en su comunidad, y se extienda mala fama.

Esta segunda razón, más profunda, impedía que nadie hiciese excepciones. Quien quisiera hacerla, se arriesgaba ante cualquier inconveniente a que la comunidad con la que convivía se le echara encima. Ellos nos repetían que nadie controla a los pescadores que de otros lugares llegaban continuamente.

Pescadores con propor

Pescadores por la zona

Exhaustos y mareados de tanta vuelta llegamos a un acuerdo con una pareja de hermanos que llevaban el último de los restaurantes de la playa pública. Acabó así el peregrinaje que dinamitó un cimiento de la vida isleña vendida por los cuentos, ese paraíso era más rígido que libre.

El paraíso debe poder elegirse

Llevábamos 8 horas en aquella isla. El yugo de lo que se le presuponía al turista nos parecía esquivado por poco. Nos relajamos y bañamos con la tranquilidad del sitio encontrado para dormir y fuimos a ver a Aldo a invitarle a una charla bajo las estrellas en la playa que nos quedaba al lado.

Vistas desde la carpa con propor

Vistas desde la carpa

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Manglares que rodeaban la isla

A partir de aquí pudimos establecer más contacto con los hermanos que nos cuidaban. Mientras charlábamos, Toni hacía las labores de guardián que justificaran el dinero que habíamos pagado por acampar. Un par de invitaciones a conversar bastó para que su rol cambiara, se acercara y sentase con nosotros.

Toda su conversación fue un shock para mí. Nos compartió muchos detalles de su realidad, de hecho, uno de los motivos del impacto que me suscitó fue exactamente eso, que en una charla de alrededor de una hora pude sentir que ya conocía gran parte de su rutina, de sus anhelos. Su vida consiste en llevar adelante la cocina del restaurante, sin nada más, hasta tal punto de que sus anécdotas se quedan en cuanto viajero pintoresco ha aparecido, hasta tal punto de que nos explicó con lujo de detalles y paciencia la carta porque no había más profundidad. Nos contó que ellos guardan el restaurante mientras su padre vive en el islote “gestionando” las ganancias. Sentí de todo esto un gran agobio por una vida hipotecada a una realidad que la incomunicación hace opaca al exterior, que la estrangula en una planicie de experiencias y posibilidades.

Yoel, su hermano, presumía orgulloso de su isla como un paraíso, un paraíso que no habían elegido.

Marina Múcura con propor

La playa que tanto buscamos

Nos sentimos muy contrariados de haber encontrado esas aguas cristalinas, esa naturaleza de película que te hace sentir privilegiado por saber nadar, por saber caminar, por cada una de las circunstancias y razones que te permiten estar disfrutando; y a la vez sentir una atmósfera pobre en sus condiciones de vida, con niños andando descalzos sobre basura, chabolas medio caídas, agua potable escasa y de poca calidad. Vivir ese contraste es frustrante mientras ves entrar un velero hacia el hotel. No sé cuántos edenes a medias existirán, éste fue el nuestro, el que el camino nos puso como ejemplo, el que nos recordará lo afortunados que somos de poder elegir cada día nuestro paraíso.

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Jose Luis Llopis

4 years ago

Pues sí. Muy afortunados, hasta de elegir una vida sencilla pero libre. Será la libertad de elegir el verdadero lujo y no aquello que se puede comprar. Seguid, seguid usando esa libertad y contándonos lo que vivís.

colchonfinito

4 years ago

Qué alegría poder contarlo y valorarlo. Gracias por comentar y leer.

Arranz Sierra Cristina

4 years ago

Hola guapos, un relato de Mucura mágico y a la vez agobiante.
Chicos es encantador seguiros y conocer tantos lugares a través vuestro.
Muchos musussss

colchonfinito

4 years ago

Mágico y agobiante es justo cómo lo sentimos. Muy buen resumen. Gracias por leernos. Muchos besos!

Chema Loranca

4 years ago

Me encanta leer vuestros relatos, saber de vosotros, con todo lujo de detalles, es todo un privilegio.
De película la Isla de Múcura con esos contrastes, ya sabéis… “El paraíso no existe, lo importante es lo que se aprende en el camino”
Imagino que apurando los últimos días y de camino a Ecuador, nuevo país y nuevas gentes, os deseo todo lo mejor en la próxima aventura.
Muchos besos

colchonfinito

3 years ago

Muchísimas gracias Chema! Así es, estamos en pleno aprendizaje de los paraísos Ecuatorianos. Muchas gracias por leernos y comentar. Besos para ti también.

Luisa

4 years ago

No os podéis hacer idea de lo fascinante que es compartir la riqueza de experiencias que contáis en vuestros post. Este, además, nos deja bien presentes las injustas desigualdades que a menudo permanecen ocultas en esos paraísos tan turísticos. Beso muy grande para los dos.

colchonfinito

3 years ago

Muchísimas gracias Luisa. El mayor de los besos y abrazos! Gracias por ser tan fiel.

Ali

3 years ago

La paradoja de la vida pero al final conseguisteis en gran parte el capricho 😉 Seguid disfrutando y compartiendo!

Alberto Hermosel

3 years ago

Quiero saber más sobre las noches en la Isla!!!! #Lost #Supervivientes

Ana Urizar

3 years ago

…que lindo el paraiso donde estais vacacionando, porque podreis salir de el una vez que os sintais agobiados y astiados…. despues de haber tocado esas raices que fotografias y ver, oir o sentir las realidades de los que no entran en ese velero hacia el hotel; talves os imaginareis opciones de lo que “deberian hacer” (asi oigo comentar a algunos exgranjeros) los locales que tienen esas aguas cristalines que os venden del otro lado de la mar???

Me da tanta tristeza que ni pizca de las ganancias de tantos lugares turisticos de nuestra “Latina America” llegan a los pobladores de los lugares donde os han vendido el paquete preparado del tour…las ganancias son simplemente y en su mayoria para los explotadores extranjeros!

Os deseo que viajeis con seguridad y sin problemas para la salud!

Vuestros blogs dan ya una pizca de una realidad cruda y misera que dia a dia viven muchos seres humanos en los lugares en donde entran esos veleros a
los hoteles donde los turistas pagan miles de Euros/Dolares/Yenes, etc. en Latino America!

colchonfinito

3 years ago

Gracias Ana por tu comentario. En efecto siempre se oyen opiniones superficiales de gente que llega desde fuera y ve una solución obvia y a sus ojos fácil. Por eso nos gusta sentir un poco más de cerca esas desigualdades e injusticias, para llevarnos en la maleta una foto completa y no la postal que venden en esos paquetes turísticos.

Un saludo.

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