Papayas_Colchon Finito

Crónica de una hospitalidad sin límites

El Cabo de la Vela aparecía en nuestro horizonte, era el último reducto costero que disfrutaríamos en Colombia y más por inercia que por intención, creímos que teníamos la obligación de visitarlo. Es casi el punto más al norte de América del Sur, por ello y por mezclar desierto y Caribe, es uno de los lugares más soñados para los viajeros.

El autostop tenía que fracasar

Todas las personas que viajaban a dedo nos habían contado que era casi imposible llegar hasta allí con la fuerza del pulgar. Las hordas de gringos que pagaban sin ninguna pereza y el control que ejercía la comunidad Wayuu sobre la zona y el turismo, hacían que casi ningún vehículo accediera a llevarte.

Y así pasó. En Rioacha, bajo el sol de la tarde, intentamos durante tres horas que alguien pisase el freno. Sin duda fue nuestro récord de espera, y no sirvió de nada. Con la noche a punto de caer decidimos quedarnos en un hotel barato para continuar al día siguiente. Por la mañana nos dimos cuenta de que ya llevábamos casi dos meses recorriendo la costa, estábamos cansados del sol y la arena, de la sal en nuestra piel y de los sitios turísticos. ¿Qué era el Cabo de la vela sino todo eso junto? Decidimos girar el volante hacia el interior del país y conocer los bosques colombianos. En Cuatro Vías, a una hora de camino y viendo cómo los mochileros acomodados subían en los buses con dirección al desierto, todo volvió a fluir hacia el nuevo destino. Un camionero y después un traficante de gasolina nos recordaron que la magia surgía de un simple gesto de mano.

Nuestro segundo conductor nos contó cómo hacía años trabajaba en la mina de Cerrejón, la magnitud de la misma, la más grande a cielo abierto del mundo, y las vergonzosas condiciones laborales que tenían. Un día, cansado de entregar su cuerpo al carbón, decidió aprovecharse de la ventaja de estar cerca de la frontera con Venezuela para dedicarse al contrabando de gasolina. Por el camino veíamos todas las gasolineras cerradas y coches con barrigas tan llenas que casi tocaban el suelo. Tanto es así que, en un control, un policía de tránsito abrió el tanque de gasolina del coche que teníamos delante y el carburante salía a borbotones. Nuestro compañero presumía de no ser tan avaricioso, tenía un tanque que no sobresalía, y así esquivaba las miradas de los agentes. Aunque si alguno le llegaba a parar, no dudaba en entregar los papeles del vehículo con un billete de 50.000 pesos entre las páginas para poder continuar su camino.

Ese día llegamos a Distracción, un pequeño pueblo olvidado. Acampamos al lado del río y desayunamos, al día siguiente, con una vecina que nos había invitado a su casa.

Distracción_Colchón Finito

Nuestras vistas del Río Ranchería, en Distracción, antes de dormir

Valledupar, la ciudad del Vallenato

Pusimos rumbo a Valledupar, la ciudad donde germinó una de las músicas populares más escuchadas en Colombia, el Vallenato. De camino, al pasar por La Junta, nuestro conductor nos señalaba orgulloso el lugar donde nació Diomedes Díaz, uno de sus mayores representantes. Valledupar albergaría pronto el festival de "La leyenda Vallenata" en honor a esta música, con Carlos Vives como invitado principal.

Una vez en la ciudad, a Rober, que todo lo pregunta, se le ocurrió hablar con una familia para saber dónde se encontraban los hoteles baratos en la ciudad. Ellos, sin pensarlo dos veces se ofrecieron a llevarnos en coche a la zona hotelera. Pronto Margarita, una de las dos hermanas, nos dio su número de teléfono para vernos durante el tiempo que estuviésemos en la ciudad. Al día siguiente nos propuso pasar el fin de semana en Rincón Hondo, su pueblo. Nada nos parecía mejor plan que conocer un pueblo chiquito con una familia que vivía allí.

Vallenato_Colchón Finito

Cuadro de los instrumentos típicos del vallenato: acordeón, caja vallenata y guacharaca

Con los brazos abiertos

Al día siguiente Margarita nos recogió en la plaza principal y nos llevó a su casa en Valledupar. Dejarnos poner una lavadora, prepararnos la cena y cedernos una de las mejores habitaciones de la casa serían solo los preliminares a una hospitalidad sin límites.

Por la mañana salimos hacia el pueblo con dos de las hermanas, Francheska, la hija de 5 años de Margarita, y una de sus amigas. Si las carreteras colombianas se caracterizan por algo es por estar muy mal hechas y por tener en las veredas repletas de puestos ambulantes con productos de la zona. Margarita paraba en cada uno de ellos para darnos a probar mango con sal y limón, Almojábanas, los dulces típicos de la zona, y vino de palma, una bebida que, según las señoras que lo venden, mejora la fertilidad de las mujeres.

En el pueblo, la hermana mediana, nos había preparado la comida y nos esperaba con el frigorífico lleno de cervezas. Era día de celebración. Nos llevaron al bar del pueblo, a jugar al billar con todos sus amigos y a beber cervezas sin control. Apenas le había dado dos tragos al botellín cuando ya tenía otro en la mano. Supe que, si seguía ese ritmo, en dos horas no iba a ser capaz de leer la marca de la cerveza. Ese baile de alcohol me recordaba a mi pueblo en fiestas y no llegamos a saber si Rincón Hondo era así todos los fines de semana o celebraban tener nuevos amigos con los que compartir.

Nos presentaron a cada persona que pasaba por nuestro lado, y les encantaba saber que había dos españoles mochileros interesados en conocer su pequeño pueblo. Las puertas de la casa estaban abiertas a cualquiera, todos se llamaban entre sí manito o manita (diminutivo de hermanito o hermanita) y como en un mundo perfecto, se ayudaban en todo lo que podían.

Hospitalidad_ColchónFinito

Con Francheska, el torbellino de la casa

Con una gran sonrisa y hablándonos como si no entendiésemos español, se presentó antes nosotros Mino, un gran amigo de la familia y su persona de mayor confianza. Mino nos contó rápido su historia, como si necesitase escupirla antes de conocer a alguien nuevo, creo que era su forma de redimirse y seguir perdonándose. Años atrás, fue partícipe de una pelea callejera y después de que su contrincante lo atacase con un machetazo en la cabeza, Mino no dudó en dispararle y acabar con su vida. Estuvo en la cárcel durante cinco años y nos aseguró que se arrepentía de su acto, aunque a nosotros nos pareciera que normalizaba la situación más de lo necesario.

La ley seca

El domingo se celebraban elecciones para la Cámara y el Senado y estaba prohibido beber alcohol la noche del sábado. Los bares no podían abrir y la gente debía acostarse pronto para poder eliminar cualquier obstáculo que te impidiese votar y celebrar unas elecciones calmadas.

Nos parecía irreal cuando nos lo contaron, pero los propios colombianos tenían su táctica para evadir la restricción. La familia tenía una discoteca, y al no poder abrirla, cogieron todo el alcohol que almacenaban allí y lo llevaron a una finca que tenían a las afueras del pueblo. Todo el pueblo les siguió hasta llegar a la tierra sin ley, donde las restricciones no tenían cabida.

Conocimos a Francia, la matriarca de la familia, también a Pipe, otro de sus nietos, junto con la demás gente del pueblo. Francia nos recibió con los brazos abiertos y pronto empezó a llamarme sobrina y a abrazarme cada vez que lo pronunciaba.

Rosquillos, Colchón Finito

Preparando rosquillos para cenar

También conocimos a una pareja que se hacía cargo de la finca, eran inmigrantes venezolanos que habían dejado su país dos años atrás, cuando la situación ya empezaba a torcerse. Ella tenía tan solo 16 años y ya había amamantado a dos bebés, que ahora tenían cuatro y dos años. Era muy madura para su edad y se hacía cargo de todas las tareas de la casa. Su situación no le había permitido tener ni tampoco disfrutar de la edad del pavo, por supuesto no había cabida para pensar en cosas banales propias de la adolescencia. Había dado un salto enorme para pasar de ser una niña a adulta y madre con solo 12 años. Nos preguntaba mucho sobre nuestra forma de viajar y la vida en España y yo no podía evitar sentir pena por todo lo que se había perdido por el camino y lo pronto que había interrumpido su juventud con responsabilidades tan grandes como tener que trabajar para mantener a sus hijos y criarlos, con todo lo que ello implica.

Hospitalidad Rincón Hondo_ColchónFinito

Cena con toda la familia y amigos

Tanto ella como Haner, el hijo mayor de Francia, nos enseñaron a bailar salsa, al ver nuestros pies patosos intentando seguir el ritmo de la música. Haner me cogió a mi y la joven madre agarró a Rober. Parecía que empezábamos a sentir el ritmo, hasta que nos soltaban para que bailásemos juntos y todo volvía a ser un sacrilegio a la canción que sonaba. Bailamos, reímos y hablamos hasta que poco a poco la gente iba haciéndose sitio en hamacas y colchones tirados en el suelo del porche. Dormimos viendo estrellas y escuchando los sonidos de los animales de la finca.

Todo lo que necesitas está aquí

Con la luz del sol empezamos a disfrutar de las maravillas de la finca, desde ver ordeñar a las vacas al amanecer, hasta recolectar papayas, guamas, mangos, ciruelas, pomelos y extraer la yuca del interior de la tierra, para después, comerlo todo en el desayuno. Aquello nos parecía el paraíso tropical.

Cultivo papayas_ColchónFinito

Recogiendo papayas maduras para desayunar

Yuca_Colchón Finito

Yuca recién extraída de la tierra

Después del desayuno más copioso y natural que tuvimos nunca, quisimos acompañar a Francia a votar. Caminando por el pueblo nos sentíamos parte de él, ya conocíamos a muchos de sus habitantes y todos se paraban a hablar con nosotros. En cuanto a las elecciones, a pesar de que en Rincón Hondo no hubo disturbios, las noticias mostraban el descaro en la compra y venta de votos y cómo muchas personas, al ir a votar en los colegios, se encontraban con que no había papeletas con el nombre de su candidato. Un año más, las elecciones habían estado corrompidas hasta la médula.

Votaciones Colombia_Colchón Finito

La calle el día de las votaciones

Volvimos a comer en familia y nos bañamos en el río todos juntos mientras enseñábamos a nadar a Pipe y Francheska. Pipe, que ya nos había dicho que tenía que dejar las salchichas porque le hacían crecer la barriga, excusaba que su prima pequeña nadaba mejor que él porque ella estaba delgada y podía flotar, mientras que él, con su pancita llena y feliz se hundía cada vez que intentaba moverse en el agua. Fue el mejor broche a una tarde de domingo y a un fin de semana tan perfecto que parecía irreal.

Rincon Hondo cole_Colchón Finito

Francia, la abuela, a punto de llevar a los niños al cole

Escrito por: Marina

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Alberto Hermosel

3 years ago

Quiero saber más sobre esa sobre bajo las estrellas!!! 😀

Alberto Hermosel

3 years ago

*noche

colchonfinito

3 years ago

Jejeje fue una noche preciosa y muy especial!

Jose Luis

3 years ago

¡Jo! que bonito todo, con historias tan bellas no va a ser suficiente viajar a través de los “posts” y vamos a tener que emprender un viaje de verdad.
Si solo ha sido la mitad de bonito que me ha parecido al leerlo, tiene que haber sido enternecedor.
Gracias por presentarnos a toda esa gente tan hospitalaria.

colchonfinito

3 years ago

¿Vacaciones de verano en Sudamérica en vez de en Alicante?

Rocío y Rubén

3 years ago

Qué relato más interesante, casi podemos sentir estar allí. Gracias!

colchonfinito

3 years ago

Veníos a sentirlo un poquito más real!!

Gabriel Pérez-Juana

3 years ago

Otro cronista en la familia!… y bueno, ¡ya lo creo!
Abrazo!

colchonfinito

3 years ago

Un abrazo Gabriel!

Joaquín Rodríguez

3 years ago

Gracias por hacerme viajar con vosotros y adentrarne en Valledupar y conocer a aus gentes y sus historias. Me habéis hecho sentir tan bien tratado como lo fuisteis vosotros y me he hartado de cerveza y buen rollito.

colchonfinito

3 years ago

Jajajajaja qué bueno Joaquín, ojalá te hayas sentido tan bien como nosotros, un abrazo!

Antonia

3 years ago

Vuestra crónica viajera, es muy entretenida,la imaginación se pone al servicio de lo q contáis y aunq por la edad y sobre todo, creó q por lo acomodado q está nuestro cuerpo a otro tipo de vida, desearíamos coger el petate y acompañaros.

colchonfinito

3 years ago

Anímate y vente a descubrir nuevas tierras, Antonia!

Manoli sempere medrano

3 years ago

Robert y Marina…me hacéis disfrutar un montón. sintiendo todas vuestras experiencias tan bonitas y veros a vosotros como conseguís ser acogidos en una familia tan !! autentica!!…y esa vida ..en el campo no es nada facil… espero el próximo colchón finito !!un besazo

colchonfinito

3 years ago

Nos hace mucha ilusión que tengas ganas de un nuevo Post, nos hace muy felices! Un abrazo grande y muchas gracias por leernos!

Luisa

3 years ago

Experiencias como esta, de vuestro encuentro con gente tan maravillosa, nos alegran también la vida a los que estamos a un montón de kilómetros de distancia. Besos.

colchonfinito

3 years ago

Qué bueno saber que esas energías os llegan también a miles de kilómetros! Os queremos!

Ali

3 years ago

Qué maravilla! Sin duda, de las experiencias más completas hasta ahora.

colchonfinito

3 years ago

Así es Ali, nos sentimos como en familia con ellos. Un abrazo!

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