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¿Turismo en Colombia? Olvídalo.

Marina - 09/04/2019 - 4 Comments

Colombia no se conoce haciendo un tour, no es solo Bogotá, Medellín o el Caribe. No un país para seguir los consejos de esa guía que te marca las “10 cosas que visitar” o “los 5 sitios que no te puedes perder” (¿acaso se conoce bien un país siguiendo solo esos consejos?).

Colombia no se entiende si no le dedicas tiempo, si no te paras a hablar con su gente y si no rompes el recorrido que marcaste en tu mapa.

Salir del cascarón

La primera semana en Medellín cargábamos en nuestra mochila, además de toda nuestra ropa y material, los prejuicios sobre la inseguridad de las calles, los robos y engaños a turistas. Esos días en la ciudad los pasamos en un hostel, visitando lo que marcaban las guías y con mucha precaución. En tan solo una semana (y algunos años de turismo al uso, para qué nos vamos a engañar 😉) aprendimos que la magia del viaje no llega hasta que no sales del recorrido marcado, hasta que no te expones al mundo y dejas que las cosas lleguen.

Colombia fue el primer país Latinoamericano en el que pusimos un pie, la primera cultura a la que nos tuvimos que adaptar en este viaje y, además, el país que nos enseñó a viajar en mayúsculas como mochileros. Nos enseñó a no sólo no temer la incertidumbre, sino también a aceptarla y amarla. Solo ella nos permitía la espontaneidad y frescura que buscábamos. Allí hicimos nuestro primer viaje largo en autostop, experimentamos la sensación de bañarnos en un volcán de lodo, creamos familia fuera de casa y tuvimos nuestro primer encuentro Rainbow.

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Cruzando un río con todas nuestras pertenencias de camino al Rainbow Gathering

Viajar para romper mitos

Cuando decidimos romper el cascarón, la magia empezó a llegar. Salir de Medellín significaba empezar el viaje de verdad, la aventura llegaba y, como pasa con todo lo desconocido al principio, combatimos el pudor, pereza y reticencia para hacer autostop al lado de una gasolinera.

Era un día de mucho calor, y, a pesar de que había tráfico, nadie nos paraba. Aún recuerdo a aquella mujer que trabajaba en el surtidor y nos sonreía de lejos. Tras un rato observándonos, vino con un fresquillo en la mano (o un refresco como diríamos en España) para ayudarnos a soportar el sol. Era una mujer muy humilde, la falta de dientes y su ropa desdeñada eran un reflejo de su situación, pero lo que hablaba de ella por encima de todo fue su gesto de bondad con unos desconocidos. Intentamos pagarle la bebida, pero no teníamos pesos en efectivo y, al ver su fascinación con una moneda desconocida, nos deshicimos contentos de nuestros últimos euros. Corriendo, se despidió para guardar su nuevo tesoro en la chabola que tenía frente a la carretera. Su mirada curiosa, inocente y sorprendida con su nuevo objeto me hizo sentir una gran ternura e, incluso, cierta envidia bonita por su capacidad de satisfacción tan llana.

A pesar de haber tenido el miedo de frente y saber que los grupos de narcotráfico siguen existiendo, comprendimos la situación que se vive en el país, aprendimos a escuchar a los locales, a entender sus códigos de aviso y a ser cautos, lo necesario como para estar a salvo y lo justo para no perdernos nada por el miedo al miedo.

No imaginaba otro país donde el ejército nos parase haciendo dedo y nos alojase en su centro de recreo vacacional (aunque la experiencia más adelante quitase la exclusividad con otros países).

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Con el Teniente, Sargento 1º y Cabo del ejército de Colombia tras recogernos

Tampoco concebía otro lugar donde una familia, que había sido atracada por un desconocido al que alojaron en casa, confiase en nosotros y nos cediese un espacio en su hogar. ¿Serías capaz tú de dar una oportunidad a tu confianza con un hecho como este? Es inspirador cómo algunas personas son capaces de perdonar, olvidar y volver a entregar a cambio de nada. Esta fue la casa más humilde en la que estuvimos en Colombia. Esa noche fuimos testigos de cómo con el paso de las horas, la desconfianza se esfumaba, dando forma a un corro a nuestro alrededor en el que no cesaban las preguntas por ambas partes. Ese día dormimos agradecidos y felices por saber que tanto la familia como nosotros creíamos un poco más en la humanidad.

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Acampados en el porche de la casa

Siguió sorprendiéndonos el conocer a una familia que, tras 10 minutos de conversación, nos invitara a pasar un fin de semana en su finca y nos tratase como parientes a los que hacía tiempo que no veían.

Viajar para crear lazos

Tras tres meses de vivir Colombia nos fundimos con su olor a café y arepa en las calles de la mañana, al ruido de las moto-taxis y la gente en las calles bailando y escuchando vallenato.

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Bonita familia que conocimos y nos alojó en Pereira

A pesar de tener una historia manchada de conflicto y violencia, la bondad y alegría se leen en las caras de cada uno de sus habitantes, así como el valor y el respeto por la paz.

Gracias Colombia por enseñarnos a romper las barreras que ponemos entre personas, por demostrarnos que ayudar es incluso más bonito que recibir. Llevamos en el corazón cada día que pasamos contigo.

 

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Jose Luis

2 years ago

Bueeeno, está bien. Acepto un resumen como una necesidad para dejar Colombia y deshacer ese pequeño atasco que parecía que había en esas crónicas que muchos ansiamos todavía.
Pero las próximas espero que, aunque no con todo lujo de detalles, sí que sean un poco más extensas, como regalo a los ávidos seguidores de vuestra experiencia.
Un abrazo y siempre es un placer leeros.

colchonfinito

2 years ago

José Luis, nuestro fiel lector y el más exigente 😛 Este post es una reconciliación con los dos últimos que escribimos, queríamos que fuese sintético, pero habrá historias largas, de esas que tanto te gustan 😉 Gracias por comentarnos y leernos!

Mª Antonia

2 years ago

Os leo con admiración y envidia.
Cierto q tener experiencia en viajes ayuda, éste, creo, era muy distinto,
Hartos d oír los robos secuestros, torturas y muertes q se dan allí hay ,q tener mucho coraje para embarcarse en él y de ahí mí admiración.
Cierto también q las noticias q nos llegan son siempre las más espeluznante, para aumentar el morbo.
Envidia ,porq ser jóvenes, aventureros, llevar las mochilas llenas de ilusión y curiosidad y poder conocer a tanta gente buena y sencilla, ver distintas formas de vivir y de aceptar la vida, os da experiencia, sabiduría, os ayuda a comprender a las personas, a relativizar, a lo q aquí en este primer mundo, damos mucha importancia.En dos palabras: Os hace mejores..
Lo normal, lo q hacemos la mayoría es ir de hoteles y con guía. Ver lo q quieren enseñarnos y protegernos de lo q no queremos ver.A mas tener es más fácil ser egoístas,
Seguir abriéndonos los ojos, a confiar en la gente y a no juzgar lo q no entendemos o comprendemos.

colchonfinito

2 years ago

Muchas gracias por tu reflexión y palabras Mª Antonia. Estoy de acuerdo en todo lo que dices y hay que ser cautos, pero no dejar de disfrutar de lo bonito que nos ofrece un país y su gente. Muchas gracias por leernos!

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