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Voluntariado mientras viajas: nuestra experiencia

¿En qué consiste un voluntariado?

Podríamos decir que los voluntariados son una herramienta de trueque muy valiosa mientras se viaja. Como en todo intercambio, entran en juego dos partes: la que necesita algún tipo de ayuda o colaboración en su proyecto y la que ofrece su tiempo y habilidades para la consecución del mismo. Como buen trueque, no suele haber dinero de por medio; el trabajo es compensado con el alojamiento y comida.

Los voluntariados pueden ser muy variados, desde ayudar en un hostel (estos son muy comunes), hasta construir una casa, pasando por huertos de permacultura, labores de Social Media, traducción, y miles de etcéteras.

Al final del post hablaremos de las ventajas, inconvenientes y aquellas cosas a tener en cuenta antes de realizar un voluntariado.

¿Dónde puedo encontrar un voluntariado?

Existen muchas plataformas de búsqueda, nosotros utilizamos Workaway, pero hay otras como Worldpackers, Volunteers Base, Helpx, WWOOF (dedicada exclusivamente para labores en granjas y huertos ecológicos) y muchas más. En la mayoría de estas páginas tienes que pagar una cuota anual para poder solicitar voluntariados (varía entre unos 30-60€, dependiendo de si te haces una cuenta para ti solo o para dos personas), pero si vas a estar viajando un tiempo, merece mucho la pena.

Nuestras experiencias haciendo voluntariados

Construyendo en la selva de Ecuador

Después de haber viajado durante tres meses por Colombia, sentimos que nos apetecía hacer base durante un par de semanas a nuestra entrada en Ecuador. Curioseando en Workaway encontramos un proyecto que llamó nuestra atención. Un señor canadiense estaba convirtiendo un terreno en plena selva ecuatoriana en un espacio dedicado a la sanación con plantas sagradas.

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Río Misahuallí, Napo, Ecuador

El trueque:

Scott necesitaba un grupo de voluntarios para que le ayudase a construir su centro. Por 4-5 horas de trabajo diario, 5 días a la semana nos ofrecía alojamiento en cama y tres comidas vegetarianas al día. Nos pareció un buen intercambio y él nos aceptó rápidamente.

La cabaña de madera donde pasamos esas dos semanas estaba en plena selva, rodeada de vegetación, un ceibo milenario gigante que se avistaba a lo lejos y, separados por 300 metros, el río Misahuallí. En la casa coincidimos con viajeros venidos de Europa, América y Oceanía. En seguida hubo conexión y agradecimos compartir tiempo y rutina con nuevos amigos.

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Día de trabajo allanando el camino de entrada

El trabajo:

Tras el desayuno, todos nos poníamos manos a la obra. La faena del día dependía de la nueva idea que hubiese tenido Scott durante la noche. Por momentos nos focalizábamos en el futuro huerto, quitando malas hierbas y haciendo escalones, otros días quitábamos piedras del camino para allanarlo y hacer la entrada agradable, pero la mayoría de los días nos dedicábamos a reparar lo que la lluvia había destruido.

Los meses que estuvimos en Ecuador coincidió con la época de lluvias, y en la selva llueve, llueve mucho. El trabajo en el exterior que requería pico, pala y carretilla tenía como resultado callos en las manos, dolor de espalda y muchas agujetas. Es por eso que, los días de lluvia, agradecíamos estar dentro haciendo manualidades o carpintería para decorar la casa. La contrariedad de los días de descanso forzoso era que el siguiente amanecer venía con esfuerzo multiplicado. Todo el trabajo de una semana se venía abajo por las lluvias. 

El resto del día, cuando no trabajábamos, solíamos leer, escribir, bañarnos en el río, compartir con el resto de Voluntarios e ir a Misahuallí, el pueblito más cercano. Tras dos semanas en las que trabajamos, descansamos, comimos bien, hicimos amigos y nos picaron pulgas, decidimos decir adiós a Scott, los gatetes y el río, para seguir viajando Ecuador, está vez en compañía de nuestros amigos, una pareja de Francia.

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Comiendo sobre la mesa que Rober construyó

Inti Kamari, un centro de retiros que se acercaba mucho al paraíso

Inti Kamari fue el lugar donde hicimos nuestro segundo voluntariado. Conocimos a Wilson, el propietario, en el Rainbow de Colombia y nos invitó a que, cuando pasásemos por Cuenca, en Ecuador, fuésemos a su espacio. Acudimos allí con la intención de pasar un fin de semana y echar una mano en la organización de un retiro. Pero la magia del lugar y del grupo de voluntarios hicieron que dos días se convirtieran en dos semanas.

Wilson había hecho de la finca familiar un lugar idílico para celebrar retiros espirituales y conectar con la esencia. El proyecto llevaba incluido, en una de sus patas, la colaboración de voluntarios de todo el mundo. Teníamos una casa para nosotros solos (“la casa de los voluntarios”), además de ocupar algunas estancias más, pues solíamos ser entre 10 y 15 personas.

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Sala de meditación de Inti Kamari

El trueque:

En este voluntariado también trabajábamos 4-5h/diarias durante 5 días a la semana. Disponíamos de alojamiento en una habitación privada (comodísima, por cierto) y tres comidas vegetarianas al día (buenísimas, por cierto) y una lavadora semanal.

El trabajo:

En las reuniones semanales de voluntarios pensábamos actividades para hacer en el día de la Fundación, cómo organizar el próximo retiro y repartir proyectos personales y grupales.

En el día de la Fundación, los niños de los pueblos más próximos, venían a pasar la tarde en la finca. Durante tres horas unos 20 niños disfrutaban de la piscina, hacían manualidades, bailaban, jugaban y merendaban. En ese tiempo, las familias no se preocupaban de nada: Inti Kamari los recogía y devolvía a sus casas, sin pedir nada a cambio.

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Juegos con los niños de la Fundación

La actividad principal del centro era la organización de retiros espirituales, y nosotros ayudábamos con la limpieza y la cocina.

Por otro lado, cada voluntario individualmente o por grupos, tenía la libertad de escoger un proyecto en el que enfocarse durante su estadía allí. Podías pintar un mural, hacer algún tipo de construcción, un video promocional, como hizo Rober, o dedicarte a secar, moler y tostar café que se producía en la finca, como hice yo. Las posibilidades eran casi infinitas.

Inti Kamari fue nuestro paraíso. Allí encontramos una verdadera familia y una forma de vivir tan idílica que parecía ficticia.

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Niños y adultos divirtiéndose en el día de la Fundación

 

Yukite: escuela de Kitesurf en Progreso, Yucatán

Actualmente (diciembre 2019), en nuestro viaje por México, nos encontramos haciendo un voluntariado cerca de la ciudad de Mérida. Llevamos aquí dos semana y nos quedaremos una más, aprovechando para conocer un poco más a fondo la Península de Yucatán.

El trueque:

 

Ellen y Ángel buscaban una pareja que se hiciera cargo del bar que tienen en su escuela de Kitesurf. El trabajo era sencillo: servir bebidas y preparar algunos platos sencillos en la cocina. Nos necesitaban 5 horas diarias 5 días a la semana. A cambio, nos quedaríamos en un Glamping en la playa y nos darían el desayuno y una lavadora a la semana. Las propinas que dejasen los clientes en el bar serían para nosotros (a veces tenemos suficiente para hacer la compra de la semana).

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El bar de la escuela de Kitesurf

El trabajo:

 

“Lo que el viento diga”, él es nuestro superior, él marca el trabajo y el descanso. Si hay viento, hay gente que viene a tomar clases de Kite, y de paso, consume en el bar. Estos son los mejores días, los más activos, los que nos permiten conocer a personas de la zona y también a viajeros. Los días que no hay viento, la escuela se queda más vacía y aprovechamos para echar una mano en la limpieza de la casa o la escuela, hacer compras para el bar o arreglar los glampings.

 

Los mosquitos están siendo tan duros en esta época que dormir en la playa era todo un reto, así que Ángel y Ellen prefirieron que nos quedásemos instalados en su casa. Solemos trabajar por las tardes, así que aprovechamos las mañanas para hacer un poco de yoga y meditación en la playa y para escribir o indagar la zona.

 

Curiosidades culturales

 

Es curioso cómo estando de viaje y conviviendo con otras culturas se hacen perceptibles tantas diferencias que solo te hacen reflexionar y tomar perspectiva. Hemos hablado muchas veces con Ángel sobre este tema, y es que, en México, ante una llamada suelen responder con el tradicional "¿mande?". Sin embargo, si a nosotros nos llaman por nuestro nombre, responderíamos un simple "¿qué?" o un "¿dime?". Nuestra respuesta les resulta demasiado brusca, rozando lo maleducado, sin embargo, a nosotros nos parece de lo más natural y su "mande" nos recuerda al colonialismo y la sumisión.

 

Nos pasa todo lo contrario con Ellen. Ella es de Suecia y sus formas al pedirnos algo nos suenan tan directas y con tan poca delicadeza que muchas veces nos quedamos en shock.

 

Qué buen aprendizaje para nosotros el, a partir de ahora, intentar suavizar nuestro vocabulario para adaptarnos al estilo mexicano.

 

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Atardecer en Progreso

Resumen: ventajas e inconvenientes de hacer un voluntariado

Ventajas:

Después de haberlo experimentado en primera persona sabemos que los voluntariados son una buena oportunidad desarrollar alguna de tus habilidades o bien aprender algo nuevo que te llame la atención. También te ayudan a parar, establecerte un tiempo en un lugar, conocerlo bien e incluso hacer amigos.

 
 

 

 

Inconvenientes:

Más que inconvenientes, diríamos que son aspectos a tener en cuenta. Hay muchas personas que ofrecen voluntariados con condiciones muy injustas, como, por ejemplo, dormir a la intemperie o en tu tienda de campaña, si es que tienes. Hay veces que tampoco te dan comida o te piden una aportación para costearla. Desde nuestro punto de vista, un voluntariado con buenas condiciones debería ofrecer un lugar cómodo para dormir y cubrir también tu manutención. Además de no superar las 5 horas diarias de trabajo y ofrecer dos días de descanso. Hay muchas personas o negocios que se aprovechan de viajeros queriendo vivir experiencias para no pagar por un trabajo. No olvidemos que un voluntariado es una colaboración.

Asimismo, como colaboración, hay que tener en cuenta que tu ayuda allí es necesaria, que las personas que te acogen confían en ti y tienes que dar lo mejor de tu trabajo durante esas horas.

Solo si ambas partes ponen lo mejor de ellos mismo podrán funcionar este tipo de intercambios.

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Jose Luis Llopis

2 years ago

Muchas gracias por la información y contarnos vuestra experiencia, aunque no me veo ahora mismo en un voluntariado, nunca se sabe y sé de gente que está buscando.
Abrazo fuerte.

Luisa García-Grajalva

2 years ago

Muy interesante vuestro post y muy gratificante comprobar lo que pueden contribuir a enriquecer los viajes y a hacer la vida más humana este tipo de iniciativas, cuando se ofrecen en condiciones justas. Besos, descubridores.

ong voluntariado madrid

5 months ago

Muchas gracias por compartir tu experiencia de voluntariado. Sin duda es algo maravilloso y único. Excelente artículo, saludos

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